Su padre lo abandonó, su padrastro fue preso, tuvo una vida nómade y el deporte lo salvó: el duro camino de Lebron James hasta transformarse en leyenda

 Su padre lo abandonó, su padrastro fue preso, tuvo una vida nómade y el deporte lo salvó: el duro camino de Lebron James hasta transformarse en leyenda

20 de junio del 2013. LeBron tiene un trofeo en cada mano, el de campeón de la NBA en la derecha y el de MVP, mejor jugador de las Finales, en la izquierda. El estadio de Miami ruge cuando la periodista de campo le da la palabra al Rey. “Escuchen, yo no me preocupo sobre lo que la gente dice de mí. Soy LeBron James, de Akron, Ohio, de lo profundo de la ciudad… No debería estar aquí. Y eso es suficiente. Cada noche, cuando entro al vestuario y veo la N° 6 colgada con mi nombre en la espalda, me siento bendecido. Por eso lo que digan de mi fuera de la cancha no me importa, no tengo preocupaciones…”. Todavía emocionado por haber logrado su segundo título seguido, luego de estar a décimas de perderlo en el Juego 6 contra los Spurs, James tenía la lucidez de bajar un poderoso mensaje sobre sacrificio y desigualdad social.

Es la forma que tiene LeBron de hacer la diferencia. La hace dentro de la cancha y, a la vez, lo repite afuera para, a su manera, buscar una sociedad más justa y que muchos chicos, sobre todo afroamericanos, no sufran lo que él –y tantos otros- padecen. Cada tanto, cada vez que cree que la situación lo amerita, más en privado que en público, James desempolva los recuerdos, los más dolorosos, los que más lo marcaron y le enseñaron. Mientras disfruta el momento cumbre de su carrera, que mantiene desde hace una década y media como el mejor jugador del mundo, siente la necesidad de ir más allá, de trasladar su experiencia para que otros sepan cómo puede cambiar una vida y cuál fue su fórmula para dejar atrás una infancia durísima, que pudo sellar su suerte y dejarlo lejos de su lujosa actualidad. En esos momentos, el Rey relata con detalles aquel año en que cambió su vida…

Era inicios de 1994. LeBron aún tenía nueve años y su destino estaba a la deriva. Claro, si vamos para atrás, todo había empezado mal para él. Fruto de una relación pasajera entre su madre y un muchacho del barrio con un frondoso prontuario delictivo, James había nacido el 30 de diciembre de 1984 en el Summa Akron City Hospital -justamente la misma clínica y en el mismo piso que 39 meses después llegaría al mundo otra superestrella, Steph Curry-, ya sin padre biológico. Anthony McClelland, una figura del básquet callejero cuyo talento, aseguran, fue superado por su adicción alcohol y una clara tendencia a la delincuencia que lo hizo pasar buena parte de su vida en la cárcel, había decidido abandonarlos. LeBron creció sin conocerlo y teniendo que lidiar con una bronca interior que recién menguó de adulto. “Nunca tuve una relación y recuerdo que, de niño, eso me frustraba. Estaba enojado con él por no estar conmigo. Hoy, como hombre maduro, siento que no debí enojarme tanto. En ese momento no sabía qué pasaba con mi padre y crecer me dio otra perspectiva”, admitió en nota con ESPN. Fue duro para él. Y para Gloria, quien se convirtió en madre a los 16 años, cuando ni siquiera había terminado el secundario. Una situación difícil que no mejoró cuando, pocos años después, se puso de novia con Eddie Jackson, un muchacho a quien el niño LeBron (4/5 años) le había tomado cariño hasta que terminó en prisión por tráfico de cocaína…

En aquel 1994, ella había dejado el último trabajo (en Payless Shoes) y vivía de la pensión de desempleo. El dinero no les alcanzaba ni para alquilar un modesto departamento. Se la pasaban mudándose a distintos lugares que le prestaban amigos. Un problema de alojamiento que tuvo su punto álgido durante la primavera de 1993, cuando Gloria y su hijo debieron mudarse cinco veces en tres meses mientras ella esperaba en una lista de espera de casas subsidiadas por el estado. En las primeras semanas de ese año, recuerda él con su memoria prodigiosa, vivían en un monoambiente cerca del centro. Allí, queriendo disfrutar parte de las experiencias que no había podido al ser madre adolescente, ella armaba fiestas nocturnas que a veces interrumpía la Policía por denuncias de ruidos molestos. Era cuando Gloria elegía salir de fiesta con su grupo, dejando solo a su hijo… El pequeño LeBron dormía en un colchón en el piso y se la pasaba jugando a los video juegos y poco más. Vivía con miedo de que su madre no volviera, no le gustaba hacer amigos -avergonzado por la vida que llevaba- y mucho menos ir a la escuela.

El año anterior, por caso, se había ausentado en 82 de los 160 días de colegio, en algunos casos por falta de transporte y, en otros, por decisión propia. En definitiva, una situación que distaba de la ideal para un chico de esa edad.

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