Pedro Guzmán analiza el comentario hecho por Julio Martínez Pozo.
La variable judicial y el impacto político
Caso Gonzalo Castillo y Ministerio Público
El señalamiento sobre la fiscal Elvira Rodríguez, la ausencia de Wilson Camacho, y la percepción de debilidad en la réplica del Ministerio Público no es un simple comentario jurídico.
Tiene implicaciones políticas.
Si el Ministerio Público luce errático en un caso emblemático como el de Gonzalo Castillo, eso impacta:
La narrativa anticorrupción.
La percepción de fortaleza institucional.
La cohesión interna del oficialismo.
El ánimo opositor.
Pero aquí entra lo estratégico.
La capacidad de Abinader para equilibrar el PRM
El punto clave: Control sin confrontación directa
Luis Abinader ha demostrado algo que pocos presidentes dominicanos han logrado mientras ejercen el poder:
Mantener múltiples aspirantes activos dentro del Partido Revolucionario Moderno.
No casarse públicamente con ninguno.
Permitir competencia sin ruptura.
Conservar el arbitraje final.
Eso es arquitectura política.
En el PRM hoy conviven:
Aspirantes presidenciales con estructuras propias.
Grupos internos con agendas distintas.
Intereses municipales y congresuales que compiten entre sí.
Y, sin embargo, no hay fractura formal.
¿Por qué?
Porque Abinader no confronta: distribuye espacios. No aplasta: equilibra. No excluye: administra tensiones.
Eso es liderazgo de poder real.
Mantener dividida a la oposición
Aquí está la jugada más fina.
Hoy la oposición tiene tres polos principales:
Partido de la Liberación Dominicana
Fuerza del Pueblo
Fragmentos menores que orbitan entre ambos
El mayor riesgo para el PRM en 2028 no es uno de ellos solo. Es una alianza real PLD–FP.
¿Qué ha pasado hasta ahora?
Competencia por el mismo nicho electoral.
Narrativas cruzadas.
Liderazgos con egos históricos.
Procesos judiciales que afectan figuras claves.
Mientras PLD y FP compiten entre sí por la hegemonía opositora, el PRM gobierna con ventaja estructural.
Y eso no ocurre por casualidad.
¿Debilidad del Ministerio Público o cálculo político?
Aquí viene el análisis incómodo.
Si el Ministerio Público luce débil en ciertos momentos:
Puede erosionar el discurso anticorrupción.
Pero también puede bajar la temperatura política.
Puede evitar que la oposición se victimice y se unifique.
En política, a veces una confrontación frontal une al adversario. Una confrontación administrada lo divide.
Abinader ha sido cuidadoso en no convertir los procesos judiciales en plataforma de martirologio opositor.
Eso es equilibrio fino.
¿Tiene capacidad real para seguir equilibrando?
Sí, pero con condiciones.
Su fortaleza depende de:
1. Que la economía mantenga estabilidad.
2. Que el PRM no entre en guerra interna antes de 2027.
3. Que no surja un liderazgo opositor que logre síntesis.
4. Que el discurso anticorrupción no se perciba como selectivo.
Si uno de esos cuatro elementos se rompe, el equilibrio se tensiona.
Conclusión estratégica
Abinader ha demostrado:
Capacidad de armado interno.
Control emocional frente a conflictos.
Lectura de tiempos políticos.
Administración del conflicto sin explosión.
Pero el verdadero examen será 2027.
Cuando tenga que decidir:
¿Arbitra o toma partido?
¿Neutralidad o sucesión dirigida?
¿Unidad por consenso o competencia controlada?
Ahí se medirá si su habilidad es táctica… o estructural.
La oposición hoy está más dividida por ambiciones internas que por acción del PRM.
Pero mantener dividido al adversario exige más inteligencia que enfrentarlo.
Y hasta ahora, Abinader ha jugado ese ajedrez con ventaja.

