La IA proyecta elecciones de noviembre en USA. ¿Perderá Trump?
El costo del poder: cuando los aliados se convierten en rivales.
La provincia Espaillat como laboratorio de las tensiones internas del PRM
En la provincia Espaillat, estratégica tanto por su peso electoral como por su actividad económica, el Partido Revolucionario Moderno atraviesa una de sus pruebas internas más delicadas desde que llegó al gobierno. Lo que durante años fue una alianza política sólida y eficaz entre el senador Carlos Gómez y el ministro administrativo de la Presidencia, Andrés Bautista, comienza a mostrar señales inequívocas de fractura. Y las fracturas, en política, rara vez se detienen donde comienzan.
Gómez, empresario de solvente capacidad financiera y acumulada experiencia legislativa, transita su segundo período en el Senado, ambos alcanzados con el respaldo decisivo de Bautista, figura histórica del PRM en esa provincia y arquitecto de su estructura territorial. Durante años, la relación funcionó sobre una base de cooperación eficaz: Bautista aportaba la ingeniería política; Gómez, los votos y los recursos. El modelo fue rentable para ambos. Pero toda sociedad política tiene fecha de vencimiento, y la de Espaillat parece haber llegado.
Las señales apuntan a que Bautista considera llegado el momento de renovar el liderazgo senatorial con una figura de su absoluta confianza. En ese contexto ha emergido el nombre de su hijo, Enmanuel Bautista, como posible aspirante a la curul. La movida no es improvisada: responde a una lógica de consolidación familiar del poder territorial que, si bien es común en la política dominicana, no por ello resulta menos disruptiva cuando colisiona con un liderazgo ya consolidado. Las alarmas dentro del partido se han encendido, y la división interna ya no se disimula.
El escenario que se configura es de dos bloques en tensión creciente. De un lado, el equipo político de los Bautista, con acceso a los recursos del Estado y a las redes institucionales que ello conlleva. Del otro, el senador Gómez, acompañado por el exdirector de la OPRET, Rafael Santos, quien —fuera ya de la estructura gubernamental— ha dedicado tiempo y capital político a consolidar una base de apoyo propia, dentro y fuera del partido. No es un enfrentamiento entre iguales, pero tampoco es una derrota anunciada.
El dilema que enfrenta Bautista es de alto riesgo en cualquiera de sus salidas. Si cede, proyecta debilidad ante un liderazgo que él mismo forjó. Si impone su autoridad, asume el riesgo de una fractura cuyas consecuencias podrían extenderse más allá del 2028. Y el tiempo juega en su contra: en un escenario donde Gómez conserve la senaduría y Bautista ya no cuente con poder institucional, la correlación de fuerzas podría invertirse de manera definitiva. El poder sin estructura es influencia; la influencia sin poder, es apenas memoria.
El riesgo mayor, sin embargo, no reside únicamente en la confrontación interna. Reside en sus derivaciones externas. Una eventual migración de Gómez hacia la Fuerza del Pueblo representaría un golpe de proporciones considerables para el PRM en la provincia. Para el partido liderado por Leonel Fernández, sería una oportunidad de manual: un candidato con estructura territorial consolidada, capacidad de financiamiento y posicionamiento electoral probado. Gómez no llevaría solo su nombre en la boleta; llevaría también su red de apoyo, su musculatura financiera y el efecto simbólico de su salida.
A eso se sumaría el posible respaldo de figuras como los exsenadores José Rafael Vargas y Carlos Amarante Baret, este último en un proceso de reconfiguración política con una inclinación cada vez más visible hacia alianzas con Fernández de cara al ciclo electoral de 2028. La suma de todos esos factores podría convertir lo que hoy es una disputa interna en una reconfiguración profunda del mapa político provincial.
La ecuación es clara: el PRM no arriesga solo una candidatura. Arriesga la cohesión de su estructura en municipios y distritos clave de Espaillat.
Andrés Bautista, conocido por su disciplina táctica, su lectura fina del territorio y su dominio de los tiempos políticos enfrenta quizás el momento más complejo de su carrera. Tendrá que elegir entre preservar el control o evitar la fragmentación, dos objetivos que pocas veces conviven en paz dentro de una misma estrategia.
Porque en política territorial, donde el poder se construye voto a voto y se sostiene calle a calle, una ruptura mal gestionada no redefine el país, pero puede cambiar por completo el equilibrio de una provincia. Y en Espaillat, esa ruptura ya no es una hipótesis: es un proceso en curso. Lo que reste por verse es si los protagonistas tendrán la inteligencia política de contenerla antes de que el costo supere el valor de lo que cada uno pretende defender.
Email : jmoronta@hotmail.com
Instagram : jorgelmorontap
La provincia Espaillat como laboratorio de las tensiones internas del PRM

