Los candidatos silenciosos: Gonzalo, David y Omar ante la política de bajo ruido

 Los candidatos silenciosos: Gonzalo, David y Omar ante la política de bajo ruido

Gonzalo Castillo, David Collado y Omar Fernández tienen diferencias partidarias, biográficas y generacionales, pero comparten una característica estratégica: administran con extremo cuidado su opinión pública. No son políticos de confrontación diaria. Hablan poco, evitan el choque permanente y parecen apostar a una presencia dosificada, más apoyada en percepción, imagen y expectativa que en debate frontal.

Ese silencio no es casual. En una sociedad cansada del ruido político, la prudencia puede venderse como madurez. David Collado lo usa desde la gestión: se concentra en Turismo y evita declararse abiertamente candidato, aunque las encuestas lo colocan como figura fuerte del PRM.  Omar Fernández administra una marca de renovación, educación y moderación, pero todavía carga con el dilema de si será proyecto propio o extensión del liderazgo de Leonel Fernández. Gonzalo Castillo, en cambio, intenta convertir el silencio en recuperación: después del desgaste judicial y político, reaparece con fuerza tras el “no ha lugar” en el caso Calamar y afirma que va “por todo” hacia 2028.

Desde la perspectiva electoral, los tres tienen ventajas y límites. Collado tiene mejor posicionamiento dentro del oficialismo y una imagen menos ideologizada; su riesgo es parecer demasiado distante de la militancia perremeísta. Omar tiene frescura, juventud y bajo rechazo, pero necesita demostrar mando propio dentro de Fuerza del Pueblo. Gonzalo tiene estructura peledeísta, experiencia de campaña y capacidad económica-política, pero debe superar el recuerdo del 2020 y reconstruir confianza fuera del PLD. Según la encuesta ACD Media divulgada el 1 de junio de 2026, Collado lidera en el PRM, Gonzalo en el PLD y Omar aparece fuerte en Fuerza del Pueblo y en la población general.

El problema común es su poca participación en el escenario local. En República Dominicana, nadie gana solo con encuestas nacionales, redes sociales o buena imagen mediática. La política dominicana sigue siendo territorial, municipal, barrial y emocional. El candidato que no baja a los pueblos, no escucha conflictos locales, no se retrata con dirigentes medios y no construye lealtad territorial, corre el riesgo de ser popular pero no necesariamente votable.

Ser “antipartido” puede servir al inicio. Ayuda a conquistar independientes, jóvenes, clase media y ciudadanos cansados de la política tradicional. Pero en RD tiene un límite claro: sin partido, sin estructura y sin operadores locales, la simpatía se evapora el día de las elecciones. La clave no es ser antipartido, sino parecer ciudadano sin romper con la maquinaria que moviliza votos.

La estrategia ideal para los tres no es hablar mucho, sino hablar mejor. Collado debe conectar gestión nacional con liderazgo político. Omar debe pasar de promesa elegante a liderazgo con carácter. Gonzalo debe transformar reivindicación personal en propuesta de país. El silencio puede protegerlos, pero no puede sustituir el liderazgo. En política, callar demasiado también comunica: puede parecer prudencia, pero también miedo, cálculo excesivo o falta de definición.

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