El dilema

 El dilema

No es una decisión sencilla. No dar el 4 % del PIB a la educación supone incumplir una ley y enfrentarse a una sociedad que luchó en la calle para que se cumpliera.

Pero la realidad es que más de veinte mil millones de dólares después… los resultados de un sacrificio tan grande son decepcionantes. El sacrificio lo hace el contribuyente, que ve cómo sus impuestos se manejan en una estructura gigante que ningún gobierno ha sabido gestionar.

Cuando el ministro es un político… el riesgo es grande. Se le entrega el 4% del PIB, que cada año es mayor, y maneja directamente una superestructura nacional que llega al último barrio del municipio más pequeño y remoto, y de la  que dependen más de 140,000 empleos directos. Cualquier aspirante sueña con jugar con esa ventaja.

Los resultados medidos nacional e internacionalmente lo dicen: el aprendizaje de los alumnos no ha mejorado. Y no estamos hablando de programación o asignaturas exóticas. Lectura, escritura, matemáticas… No hemos avanzado. ¿Vale la pena seguir destinando el 4 % sin que esté sujeto a una entrega de resultados? 

La educación en la pandemia fue un fiasco. Los alumnos pasaron dos cursos a  veces sin exámenes, la ADP y el Minerd mantuvieron las aulas cerradas más allá de lo necesario y lógico, y se gastaron miles de millones de pesos en unas clases que no siguieron más del 25% de los alumnos y cuya calidad nadie se ha atrevido a evaluar.

La ADP también es un obstáculo para evolucionar y ningún partido está dispuesto a enfrentarse al sindicato. Algunas universidades que forman docentes tampoco ayudan y presionan con éxito hacia la mediocridad. 

Difícil decisión. La Educación necesita el 4%, pero no como ha sido manejado hasta ahora. (Y darle una parte al Ministerio de la Juventud es todavía peor idea…).

tomado de Diario Libre

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