Alexandre de Moraes: el juez que ha encabezado la persecución contra Bolsonaro

 Alexandre de Moraes: el juez que ha encabezado la persecución contra Bolsonaro

Un lector desprevenido podría pensar que al mencionar a Alexandre de Moraes simplemente se habla de uno de los integrantes del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil -la máxima corte de la nación sudamericana-; sin embargo el asunto dista de ser tan sencillo.

Más allá de Luiz Inácio Lula da Silva o del propio Partido de los Trabajadores (PT), de Moraes es quien se ha convertido en el rostro que articula, a veces detrás del telón y otras tantas a plena luz del día, la oposición más encarnizada al presidente Jair Bolsonaro y a su movimiento político en Brasil.

El magistrado del STF inició su carrera judicial a los 23 años, cuando se estableció como fiscal en Sao Paulo. Sin embargo, su popularidad comenzó a ascender cuando, a partir de 2002 y hasta 2005, dejó el Ministerio Público y se desempeñó como secretario de Justicia y Defensa de la Ciudadanía en el estado de Sao Paulo, durante la era del gobernador centroizquierdista Geraldo Alckmin, quien por cierto acompañó la fórmula de Lula da Silva en las pasadas elecciones como candidato a vicepresidente.

Luego de aquello fue nominado en 2005 por el propio Lula para liderar el Consejo Nacional de Justicia, cosa que hizo hasta 2007. Tras salir del puesto volvió al poder regional en Sao Paulo, donde fungió hasta 2010 como secretario municipal de Transportes. Posteriormente tuvo una pasantía por el ejercicio del derecho privado, a través de su propio escritorio jurídico: “Alexandre de Moraes Abogados Asociados”. En 2014 volvió a trabajar con Alckmin en Sao Paulo, sirviendo como secretario de Seguridad Pública del estado hasta 2016.

Sin embargo, el gran brinco al plano estelar del juez vino cuando el accidentado segundo Gobierno de Dilma Rousseff llegó a su fin y se asomó la necesidad de armar uno nuevo que cubriese el tiempo restante del mandato. Así, durante la gestión de Michel Temer -el presidente designado a tales efectos- de Moraes logró convertirse en ministro de Justicia.

Pero el cargo le quedaba corto, pues iba a más. Durante el interinato de Temer logró granjearse simpatías que lo catapultaron a principios de 2017 a ser nominado como magistrado al Supremo Tribunal Federal, con miras a cubrir la vacante dejada por el juez Teori Zavascki, fallecido en un trágico accidente aéreo.

Vale destacar que, al día de hoy, de los 11 magistrados que componen el STF en Brasil, 4 de ellos fueron apuntalados durante la gestión de Rousseff y 3 durante los gobiernos de Lula da Silva. Solamente 2 magistrados fueron nominados por Bolsonaro y uno data de la era del presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. Alexandre de Moraes, puesto allí durante el interregno de Temer, completa un cuadro que evidencia un tribunal que tiene amplios compromisos con la izquierda brasileña.   

Los enfrentamientos de este magistrado con Bolsonaro se han dado prácticamente desde la llegada al poder del líder conservador en 2018, siendo abierta su oposición al bolsonarismo a través de causas judiciales promovidas a diestra y siniestra contra dicho movimiento. Al juez no le ha temblado el pulso para ordenar arrestar a simpatizantes del actual presidente brasileño e incluso congelar cuentas bancarias de empresas e instituciones que respaldan su gestión, como ocurrió el año pasado con la Asociación Nacional de Productores de Soja (Aprosoja) y su representación regional en Mato Grosso, arguyendo que dichas instancias estaban financiando manifestaciones a favor del mandatario.

No obstante, el nivel de concentración de poder en manos de de Moraes llegó a su clímax cuando en agosto pasado se convirtió además en el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), un órgano adscrito al máximo poder judicial del país que tiene la última palabra en todo lo relativo a procesos comiciales.   

Desde allí no ha descansado ni un minuto para centrarse en dos cuestiones que le han servido de puntales para enfilar contra Bolsonaro: promover el culto a la fiabilidad del sistema de votación electrónico que rige los procesos electorales en Brasil (y del que el mandatario conservador ha sido crítico desde un principio), así como erigirse en “guardián” de la verdad y censor de las llamadas “fake news”.

Así Alexandre de Moraes protagonizó la escena de la pasada campaña electoral brasileña, en donde incluso llegó a prohibir términos utilizados para referirse a Lula da Silva. Denominaciones como “corrupto”, “ladrón” o “exconvicto” fueron proscritas desde el TSE para hacer alusión al exmandatario izquierdista.

Un sin sentido si se piensa que Lula en efecto fue procesado judicialmente por estar incurso en hechos de corrupción y que, más aún, cumplió parcialmente una condena penal por demostrarse su culpabilidad en las acciones por las que era señalado. Al día de hoy vale acotar que Lula nunca ha sido declarado inocente de tales acusaciones, sino que en su momento se ordenó que su juicio se volviese a realizar en otra instancia del poder judicial brasileño.

La crecida del poder de este particular magistrado, celebrada en algún momento por la izquierda brasileña e incluso del mundo, ha llegado a un punto alarmante. Eso a tal nivel que incluso la propia prensa progresista del planeta se ha comenzado a cuestionar si la inexistencia de límites en las competencias del mismo más bien son una clara amenaza para la democracia del país. Un hombre que prácticamente decide permanentemente sobre la naturaleza del bien y el mal, bajo la prerrogativa de ser el guardián de la correcta interpretación de la Constitución, no es una amenaza que pueda obviarse y ya.

Por ejemplo, recientemente Carlos Affonso Souza, un profesor de derecho de la Universidad Estatal de Río de Janeiro le manifestaba su preocupación al progresista New York Times sobre la extralimitación de funciones que estaba teniendo el presidente del TSE a propósito de regular las verdades y las mentiras en línea, luego de emitir una sentencia sobre la materia que se ha convertido en una de sus favoritas: las fake news. “Podría ir demasiado lejos”, manifestó Souza al medio estadounidense. 

Al día de hoy básicamente se puede decir que, si es que acaso de Moraes no se ha convertido en el principal opositor real a Bolsonaro, es un actor sin el que no hubiese sido posible la vuelta al poder de Lula en Brasil, que eventualmente se materializará en enero próximo.

Tomado de gaceta.es

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